Retratos de artistas por Laura Ortego


Portraits of artists by Laura Ortego

 

Santiago Venturini. El paso del tiempo es un acto de magia y un abismo a al vez

Santiago Venturini . The passage of time is an act of magic and an abyss.

 


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Una mañana fría de pandemia me puse sobre el pijama la campera menos elegante pero las más abrigada y encaré con paso firme hacia la librería en busca de algún libro de poesía que conjurara el sinsentido que flotaba en esos días en el ambiente. Federico, mi librero, me atendió desde la puerta y me recetó a Santiago Venturini. Su libro Un año sentimental fue para mí un hito en el tiempo que pasamos encerradxs. Siete meses después voy manejando por la autopista hacia Santa Fe para averiguar cómo y dónde nacen esos destellos de belleza que se te clavan como rayos en el pecho. 

-Santiago, qué es lo que te hace salir de la cama a la mañana?

-Tengo tiempo? Puedo pensar?

-Sí, claro, pensalo tranquilo

-Durante la pandemia fue más difícil encontrar la motivación, me parece que para todos. En general me gustan mucho los libros, la lectura, y para mí eso es una motivación muy importante, y la escritura también.No sé si eso es lo que me hace levantar a la mañana, pero sin dudas la idea de poder construir algo que se pueda tocar, algo tangible como escribir un poema, me salva un poco.

-Contame cómo fue tu recorrido hasta tomar contacto con la poesía

Para mí fue muy importante la experiencia del contacto con las bibliotecas. Tengo una hermana más grande que tenía una máquina de escribir, con la que escribía en su pieza; esa fue una escena fuerte. Ella fue la que me llevó por primera vez a la biblioteca de Esperanza, que es la ciudad donde nací, y me enseñó cómo funcionaba. Yo era muy chico en ese momento y descubrí algo que ni me imaginaba que podía existir. Fue importante esa experiencia, no sólo de la lectura, sino también del libro como objeto. El interés no era sólo intelectual, era también físico: las tapas, los dibujos. La poesía se dio más que nada a través de juegos en la infancia. Con una vecina jugábamos a meternos debajo de la cama a escribir, salir y leerlo.  Creo que escribí mi primer poema cuando se murió mi mamá, a los 14 años

-Contame sobre tu infancia

-No sé si a vos te pasa, pero te volvés más grande y la infancia se hace cada vez más importante. Parece que uno se aleja pero siempre hay cosas que se explican por otras que pasaron en la infancia. Yo tengo una especie de pasión arqueológica familiar, soy el que siempre está buceando en el pasado, esa es mi misión. Mi familia quedó reducida porque mis dos papás se murieron y a partir de eso mi hermano más grande, mis dos hermanas y yo formamos una alianza muy fuerte. La infancia para mí es una cosa tan grande que nunca dejé de escribir sobre eso y la tengo como una especie de territorio infinito al que siempre vuelvo. Una cosa salvaje que todavía dura, con la que me formé definitivamente: la identidad está comprometida ahí.

 

-Sentís que te influenció el hecho de haber crecido en Esperanza?

-Me influenció mucho el campo. Siempre estábamos al límite de lo civilizado, que era esa ciudad chiquita. Yo salía de mi casa y a las dos cuadras había monte, la experiencia de meterte en un lugar lleno de árboles donde te podías perder para mí era de un vértigo muy fuerte. También fue muy importante para identidad gay, por el contacto con todos los chicos más grandes del barrio: hacíamos ranchos, fuego, cazábamos pájaros con el aire comprimido, todo eso fuera del control de los padres. Te podías escapar de la mirada controladora de los padres todo el tiempo. Esa experiencia fue fundamental.

-Cómo eran tus padres?

-Mi mamá era maestra pero terminó trabajando en la policía, porque mi abuelo también lo era y en ese momento podías heredar el cargo. Ella era sargento primero pero también sacaba fotos de accidentes. Muchas veces estaba de guardia y la llamaban por teléfono a las 4 de la mañana porque alguien se había suicidado en pueblo vecino y ella tenía que ir a registrarlo. Como yo iba bastante a su trabajo me crie mirando esas fotos: marcas raras en el campo como de ovnis, gente muerta, ahorcados, accidentes de tránsito, autos destrozados. En su oficina había un cuartito con una cámara instalada y un fondo blanco donde sacaban fotos con el número de legajo. Ahí nos sacábamos fotos con mi hermana, el que las revelaba ya estaba acostumbrado, así que las separaba y se las daba a mi mamá.

 

-Ninguno de los dos practicaba disciplinas artísticas, verdad?

-No, a mi papá le gustaba dibujar y a mi mamá también, pero no lo hacían sistemáticamente ni conocían artistas, no se hablaba de arte en mi casa.

-Tampoco eran lectores…

-Leían un poco, pero había muy pocos libros en mi casa, una enciclopedia de botánica… era la típica familia que compra una colección de libros porque es barata, o porque queda bien en algún mueble.

-Y cómo era tu relación con ellxs?

-La relación con mi papá fue difícil, él era una persona que se imponía. Tenía su favorita que era mi hermana más chica y marcaba mucho esa diferencia. Conmigo tenía una relación problemática porque yo todo el tiempo estaba contradiciendo lo que él quería que fuera y eso era un problema. A él le encantaban las armas, los aviones y los autos, tres cosas que yo detesto. Inclusive llegó a fabricar una ametralladora y probarla delante nuestro. Un día me propuso hacer un curso para manejar un planeador, como yo odiaba eso, lo terminó haciendo mi hermana más chica. En el tiro federal ella ganó un concurso de tiro con pistola en el que el premio era un juego de tazas. Yo era totalmente inútil para eso, solamente pensaba en las empanadas de la cantina.

-Menos mal que te dedicaste a la poesía ( Risas)

-De grande cambió un montón. Su matrimonio era muy desafortunado porque él y mi mamá eran dos personas que no se querían tanto y que fueron un poco forzadas por la familia a casarse. Una vez que esa relación se terminó se volvió mucho más comprensivo; de hecho me acompañó a inscribirme en Letras y me compró mi primer libro de Pizarnik. Pero en el momento en el que empezó a producirse ese cambio, ese acercamiento, se murió de forma repentina de un infarto.

-Cuáles son tus recursos a la hora de escribir?

-La imagen, eso está siempre en primer lugar. Muchas veces parto de algo que veo y que es como un disparador, un borrador del verso. Por eso me gusta mucho caminar, mirar gente, ver fotos familiares… fotos que vi mil veces porque tampoco es que tenemos millones. Ese archivo familiar para mí es muy importante. Y después otras lecturas: uno no puede escribir si no copia otras cosas, empezás imitando y seguís imitando, porque siempre tenés referencias. A veces tengo miedo de que la lengua se vuelva fósil, de que se endurezca, entonces hay ciertos poetas que me muestran una lengua viva. Fernando (Callero) siempre escribió desde una lengua que es plástica, muy oral y a la vez con cosas muy cultas, formas literarias consagradas en las que mete una expresión recontra fresca y del habla de todos los días. Esa plasticidad de la lengua para mí es muy importante y a la vez muy difícil de lograr. La mayor parte de las veces siento que no me sale, pero hay ciertos poetas que me movilizan a eso: Daniel Durand, Damián Ríos, Laura Wittner, o Juana Bignozzi. También la escucha de la lengua es algo importante, expresiones que quizás no terminan en el poema, pero que dan una especie de impulso, de pista de para dónde tenés que ir cuando escribís. La lengua coloquial, si bien en mi poesía no está todo el tiempo, es una referencia. Después hay una parte del proceso que se pierde, que es azar, una especie de combustión irrastreable. Cómo empieza un poema es algo que uno no puede objetivar. 

-Y tenés otras influencias que no sean literarias?

-Sí, la música para mí es fundamental y a veces una motivación. Estoy todo el tiempo escuchando música, me pone en clima. Me gusta mucho la electrónica, el progressive, que es mucho más melódico, a veces lento. Me encanta porque el tema tiene momentos: va ascendiendo, tiene un pico y después baja y esos momentos son muy poéticos.

-Cuáles son los temas que te obsesionan?

-Un tema que me obsesiona es el paso del tiempo, dejar de ser alguien para ser otra cosa, envejecer, la infancia que se perdió. La cuestión de quienes éramos y cómo nos volvimos lo que somos ahora, incluso me regodeo en eso. Es un tema universal, no creo que haya nadie que no haya escrito sobre eso, pero es como si yo lo viviera todavía en el modo infancia, de forma muy cruda, como si no lo pudiera procesar de forma adulta. A veces pienso que no maduré nada. El paso del tiempo me parece un acto de magia y a la vez un abismo, algo imposible de comprender.  Últimamente una obsesión que aparece es la cuestión de la soledad, de haber elegido no tener familia. Los hijos, que son algo que no quiero y al mismo tiempo una falta que lamento, muy unida a la cuestión de la identidad gay.

-Aparece en tus poemas la posibilidad de viajar en el tiempo, algo como de ciencia ficción…

-Sí, para mí hay como una fantasía de que la infancia sigue sucediendo intacta en algún lugar como en un diorama, escenas congeladas como en un museo al que siempre vuelvo. Los muertos y la muerte también son un tema, más allá de la explicación fáctica, porque mi familia se extinguió en un lapso de diez años que a la vez para mí fueron muy efervescentes, hay como un destello que siempre me lleva otra vez a eso.

-A veces hay también en tus poemas una desnaturalización de la rutina, una especie de corrimiento que te permite observar lo que naturalizamos…

-Sí, para mí eso es fundamental y lo hago conscientemente. Es necesario poder asombrarse, desautomatizar las conductas y los ritos, el acto de comer, el sexo, todo.

Edición, corrección y traducción: Luz Algranti.

Agradecimientos: Julián Balangero, Cecilia Cerutti y Brenda Tourn.

One cold pandemic morning, I wore my least elegant but warmest jacket over my pajamas and strode towards the bookstore looking for some poetry to exorcise the overwhelming feeling of nonsense. I stayed outside the shop, and Federico, my bookseller, prescribed Santiago Venturini. Seven months later I am driving down the highway to Santa Fe to find out how and where Santiago produces the beauty flashes that strike as lightnings in your chest. His book Un año sentimental was for me a milestone in the lockdown.

- Santiago, what makes you jump out of bed every morning?

- Do I have time? Can I think about it?

- Sure, take your time.

During the pandemic it was hard - I think for everyone - to find motivation. But in general, I really like books, reading, that is a very important motivation, as well as writing.

I don't know if that's what makes me jump out of bed in the morning, but surely the idea of building something tangible such as writing a poem, saves me.

-How was your journey to poetry?

- The contact with libraries was very important. In addition, I have an older sister who had a typewriter with which she wrote in her room, that is for me a strong image. She was the one who took me to Esperanza’s library, which is the city where I was born, and taught me how it worked. I was very young at that time and I discovered something that I did not imagine could exist. That experience was important, not only of reading, but also of the book as an object. My interest was not only intellectual, it was also physical, I liked exploring the cover and the drawings.

Poetry appeared basically in games during my childhood: I hid with a neighbor under the bed, we wrote something and then we would go out and read it.

I think I wrote my first poem when my mother died, at 14 years old. From that point on I wrote a lot, I had notebooks that I would cross out and destroy during crises.

- Tell me about your childhood

-I don't know if it happens to you, but the older you get, the more important childhood becomes. You might move away from it but there are always things that are explained by childhood events. I have a sort of archaeological family passion; I am the one who is always diving in the past. It is my mission in the family that was reduced to my siblings after my parents died. From then and on, my older brother, my two sisters and me, formed a very strong alliance. Childhood is for me so vast that I never stopped writing about it. It is a kind of infinite territory to which I always return, a wild thing that holds: identity is engaged there.

- Do you think that growing up in Esperanza had an influence on you?

-The countryside influenced me a lot. We were always on the edge of civilization, represented by this small city. Two blocks away from home, there was a forest. The experience of entering a place full of trees where you could get lost implied quite some vertigo for me. It was also very important for me as gay, because of the contact with all the older boys in the neighborhood: we made ranches, fires, we hunted birds with air shotguns, all beyond the control of the parents. We could escape the controlling gaze of your parents. That experience was fundamental.

 

- How were your parents?

-My mother was a teacher but ended up working for the police, because my grandfather was a policeman and back then you could inherit the position. She was a sergeant but she also took pictures of accidents. Many times, she was on duty and received a call at 4am because someone had committed suicide in a neighboring town and she had to document it. As I often went to her workplace, I grew up looking at those photos: strange UFO-like marks in the fields, dead people, hanged people, traffic accidents, wrecked cars. In her office there was a small room with a camera and a white background where they took photos with the file number. My sister and I often took pictures there and the person in charge of developing would separate them from the rest and give them to my mother.

 

-Neither of them was into artistic disciplines, right?

-No, my father liked to draw and my mother as well, but they did not do it systematically. They didn’t know any artists, we didn’t talk about art at home.

-They weren't much into reading either ...

-They read a little, but there were very few books in my house, a botanical encyclopedia ... we were the typical family that buys a book collection because it is on sale, or because it looks good on a piece of furniture.

- And how was your relationship with your parents?

-The relationship with my dad was difficult, he was a person who imposed. His favorite child was my youngest sister, and he really made us feel the difference. He had a problematic relationship with me because I went against everything he wanted me to be and that was a problem. He loved guns, airplanes, and cars, three things I hate. He even made a machine gun and tested it in front of us. One day he asked me to do glider training, and as I refused, my younger sister ended up doing it. At the Shooting Club she won a pistol contest were the prize was a set of china. I was totally useless for that, I only thought about the meat pies from the canteen.

-It's a good thing you devoted yourself to poetry (laughs)

- When he became older, he changed a lot. His marriage was very unfortunate because he and my mother did not love each other so much and were somehow forced to marry. Once the relationship ended, he became much more understanding. In fact, he took me to enroll in the Literature Faculty and bought me my first Pizarnik book. But when that change took place, that kind of closeness, he suddenly died of a heart attack. 

-What are your resources when writing?

-In the first place there is always an image. Many times, I start from something that I see, that is my trigger, like the draft of the verse. That is why I really like to walk, look at people, see family photos… photos that I have seen a thousand times because we don’t have millions of them. That family archive is very important to me. And then other readings: you can't write if you don't copy, you start by imitating and somehow continue to imitate, because you always have references. Sometimes I am afraid the language might fossilize, go stiff, so there are certain poets who show me a living language. Fernando (Callero) always uses a very malleable language, very oral and cultured at the same time, more established literary forms mixed with fresh, everyday expressions. This plasticity is, for me, very important and at the same time very difficult to achieve. Most of the time I feel I can’t do it, but there are certain poets who inspire me in that direction: Daniel Durán, Damián Ríos, Laura Wittner, or Juana Bignozzi. Listening to the spoken language is also important. The expressions might not end in the poem, but they give me a kind of impulse, a hint of the direction to follow as I write. Colloquial language, although not present in my poetry all the time, is a reference. Then there is a part of the process that is lost, random, a kind of untraceable combustion. The way a poem begins is something that you cannot objectify.

-And do you have other non-literary influences?

-Yes, music is essential for me and sometimes a motivation. I am listening to music all the time, it sets the mood. I really like electronic, progressive, which is much more melodic, sometimes slow. I love it because the song has moments: it rises, peaks and then goes down. Those moments are very poetic.

-What are the topics that obsess you?

-A topic that obsesses me is the passage of time, stop being someone to become someone else, growing old, lost childhood. The question of who we were and how we became what we are now, I wallow on that. It is a universal topic; I don't think there is anyone who has not written about it. But it is as if I still lived in childhood-mode, in a very harsh way, as if I could not process like an adult. Sometimes I think that I did not grow up at all. The passage of time seems to me an act of magic and at the same time an abyss, something impossible to understand.

Lately I am consumed by the question of loneliness, having chosen not to have a family. The presence of children is something I do not want and at the same time I long for, it is linked to gay identity.

-There is time-travel in your poems, a bit as in sci-fi ...

-Yes, I have this fantasy that childhood exists intact somewhere like in a diorama, frozen scenes like in a museum that I always return to. The dead and death are also a topic. Beyond the factual explanation - my family became extinct in ten years that at the same time were very effervescent for me- I feel that there is always a flash that takes me back there.

-Sometimes in your poems there is an estrangement of everyday life, a kind of shift that allows to observe what we naturalize ...

-Yes, for me that is essential and I do it consciously. Poetry is a territory where you can de-automate and be amazed at behaviors and rites such as the act of eating, sex, everything.

Translation: Luz Algranti.

Thanks to: Julián Balangero, Cecilia Cerutti y Brenda Tourn.